Nepal Kids
La principal característica (virtud) de viajar en bicicleta diría que es la exposición total, exposición al sol, los olores, los paisajes sin filtro y a todo tipo de encuentros, pero sobre todo en países como Nepal o India, a los niños.
Pares donde pares para acampar y por mucho que creas que estás en un lugar discreto, en un bosque apartado o en el río más recóndito, los niños locales, como setas tras la lluvia, empezarán a brotar de donde menos te lo esperas. Cuando te quieras dar cuenta estarás completamente rodeado de miradas curiosas, ¿qué diablos hace aquí este tipo con una bicicleta y montando una tienda de campaña? Tu ansiado descanso tendrá que esperar pero a cambio te dejarán algunas de las mejores memorias del viaje.
No importa cómo de recóndito sea el lugar que has encontrado para acampar.
Te ENCONTRARÁN!!!
Y te ROBARÁN el corazón.
Una de las mejores sensaciones de viajar así es vivir de cerca esa infancia antigua, sin aparatos electrónicos ni redes sociales.
Como decía el añorado Félix Rodríguez de la Fuente sobre su infancia, «Qué mejor singladura por mi parte que la de retrotraerme una vez más a años infantiles y juveniles, a lo que yo he llamado muchas veces «mi agreste infancia». Infancia de niño de pueblo de los páramos de Burgos, infancia de niño despeinado, con el rostro quemado por el sol, con el cierzo en la cara, correteando por la pradera. Siempre buscando algo en el regazo del viento, siempre preguntado algo a la línea del horizonte, siempre con algo que aprender, con algún secreto que arrancar a la tierra, y a las nubes, y al sol, y a las hierbas, y a los animales.»